Sueño y Memoria de una Caro en la Tierra

Tuesday, January 11, 2011

Imán de pasteles


(Rescatada de por ahí. Alude a mi realidad de hace cinco años atrás)

Las reglas de la teoría de la imantación amorosa pasteloide ha dejado la escoba en mi pobre corazón atendiendo a los últimos sucesos. No entiendo dónde adquirí ese radar que me conecta con los especímenes más deleznables del mal llamado sexo fuerte, o a lo mejor, lo heredé. No creo, pues las mujeres de mi familia, según sé, no gozan de tanta mala suerte en el amor. O al menos eso creo yo.
Todo empieza por el mal ojo que tengo. No sabía que me gustaba tanto la geometría y que practicaba tanto en materia sentimental los teoremas de Pitágoras y Tales desde que me vi involucrada en una serie de triángulos. Algunas veces sabiendo, otras ignorándolo completamente.

Para que decir, soy última de ingenua. Siempre espero lo mejor de la gente y pese a tener 27 años todavía no falta el que me vende la pomada. Si vendieran la plaza Victoria, o el reloj de flores de Viña, fijó que me anoto con una postura y si puedo, lo compro.

Alguien me sugirió por ahí un exorcismo amoroso, pero para mí, como siempre digo, esto de los pasteles es circunstancial. Si mirara mi conducta hacia atrás digo que no siempre obré como corresponde y yo creo que los pasteles es una forma de hacerme pagar mis faltas.

Otra cosa: me siguen los bebés. Será por ese aire de mamá que aflora por los poros que donde voy no falta el novel veinteañero que me jura este mundo y el otro y que sueña con pasarse más allá de los besos y los abrazos conmigo. Reconozco que atinar con cabros chicos no me desagrada, a veces, depende cuantas chelas o pisco sours tenga en las venas, pero tampoco es la panacea “llevarla” en la relación, ni que me miren con cara de desagrado las pendejas a las que les arrebaté las conquistas.

No hay mal que dure cien años, ni tonta que lo aguante. Pero yo tengo la culpa, para qué estamos con cosas. Si la naturaleza no me privilegió con ese radar anti pasteles que tienen algunas de mis amigas, por lo menos debería aplicarme en practicarlo. Tengo tantos ejemplos en que apoyarme y ni modo. Moriré con ese insulso magnetismo que cargo no sé donde y que hace que hombres con el ADN de SW se acerquen a mi órbita, para colmo de mis males.

*Entiéndase sacos de weas.

Thursday, January 06, 2011

Hotel Alojamiento: por horas no exigen documentos


Por la pasajera sin maletas


Una noche de mis vacaciones obligadas, metida en el computador y mientras buscaba canciones de France Gall, una chica francesa con voz de muñeca, encontré en ese baúl de los recuerdos y sorpresas que es Youtube y sus millones de archivos, una película argentina del `66 en blanco y negro llamada “Hotel Alojamiento”.
Cuando escuché el nombre no me refería a nada. Pero ya por ser una peli añosa y sin color llamó mi atención. Cuando busqué el reparto me dio luces que podía ser buena. Y no me equivoqué. El elenco de actores era de lujo y puedo decir que conocía algunos como Olinda Bozán, Marcela López Rey y el popular Enzo Vienna, quien en Chile fue conocido como el protagonista de la teleserie Nino.
Bueno, se preguntarán ustedes qué es un Hotel Alojamiento. Pues bien, es lo que nosotros conocemos como un motel o volteadero como dice una amiga mía. Lugar donde se estila el famoso pollito al velador, tiene espejos en las paredes, las toallas están envueltas en plástico, te ofrecen maní y pisco sour y donde la gente va “a conversar de manera horizontal” como digo yo. ¡Ja ja ja ja!
La peli comienza con un relato al estilo locutor de noticias radiales que refiere que el desarrollo de un país (o desarrosho porque es argentino) se relaciona con la cantidad de camas que posee, divididas en las cama legal y la “cama de ocasión” donde la oportunidad de relajo lo señale.
Son estas camas las que dan vida al Hotel Alojamiento. Ese hotel que se ubica en el centro de la ciudad, en un lugar decoroso pero oculto, donde los pasajeros no están obligados a dar sus nombres, bajo la estampa de lugar decente que no despierta suspicacias. Tan clandestinamente ubicado que las parejas que requerían de una cama “para no dormir” tenían dificultades para dar con él. Así, quienes desarrollaban el rubro se pusieron de acuerdo y lo llamaron “Hotel Alojamiento”.
Un nuevo tipo de Hotel para un nuevo tipo de pasajeros: los pasajeros sin maleta.
La película se sucede en la recepción del Hotel. En ella, dos turnos de telefonista y botones, atienden los pasajeros que concurren preferentemente de noche al lugar.
La telefonista es Olinda Bozán, gran actriz argentina. La primera pareja en asistir es una embarazada primeriza y su marido, de paso por Buenos Aires. Entran por equivocación pensando que es un hotel normal. Ya cuando cancela y le preguntan al marido cuantas horas se queda cae en cuenta que está en un hotel de esos. Asimismo el botones se sorprende cuando llama señorita a la mujer y esta le corrige con un “señora”. Pero ya es tarde y entran. La señora se hace la loca y poco le importa que su noche la interrumpan los grititos y jolgorios de las habitaciones vecinas.
También un pasajero frecuente del hotel-pues se arrendaban piezas permanentes- intenta afanosamente ingresar con una mujer a la pieza. Pero no puede. Es decir puede, pero pagando más, pues su arriendo no le permite gozar de su cama como él espera.
Jocosa es también la performance de la chica de sociedad que engaña a sus padres diciendo que aloja donde una amiga y concurre con el novio periódicamente a dar rienda suelta a sus pasiones al hotel. Si hasta les conocen y tienen tanta confianza con los empleados del hotel que él les confiesa que está juntando dinero para comprarse un departamento y casarse con la chica para ocultar la deshonra. Tamaño escándalo que se arma cuando los padres de la chica dan con ella y la encuentran encamada con el novio el que es llamado al orden, soportando el soponcio de su futura suegra, quien se escandaliza pensando en saber qué dirán sus amistades.
Otro cuadro de destacar son los cuatro amigos que tras gastarse la vida en un garito se van con cuatro chicas de vida fácil a jugar a las cambiaditas de pieza en el hotel, haciendo un barullo descomunal. La jornada de la troupe se desordena cuando alarmados por el actuar desesperado del padre primerizo, las mujeres asisten a la embarazada, quien se apresta a dar a luz. Cosas que de ocurrir en un hotel normal pasan, pero en un Hotel Alojamiento son atípicas.
Los cuatro amigos se ponen a fumar junto al padre del bebé, como angustiados por no poder consumar su noche de fiesta loca con las nenas, las que cuales enfermeras llenan al bebé de mimos.
También están las parejas de casados que juegan al swinger. El tabernero que corteja a la esposa del cantante de la taberna y que se las arregla entre canto y canto para encontrarse con ella en el hotel. La mujer ama de casa que aprovecha la ida al mercado y la feria para salir con el amante y que entre tanto enredo confunde su bolsa en recepción, pues no era la única que usaba la ida a la feria para ir a comprar “amor express”.
Lejos, la que más me gustó fue la de la chica enfiestada a quien su amigo va a dejar a después de una larga noche de juerga y que no quiere irse a dormir. Una desafiante Marcela López Rey, que llama aburrido y burgués a su compañero y que sin un zapato y vestida como para una gala queda al garete en medio de la calle y hace parar a un tincudo taxista que no es nada más y nada menos que Enzo Vienna (el popular Nino), quien ve en ella la oportunidad para sacarle más que provecho al recorrido. ¡Upa y chalupa! puesto que ella se encarama en el taxi y tras un beso parten al hotel. Una vez allá sexo furtivo. Ella alucina con el olor a hombre y ella con el perfume francés de ella. Pasa más menos una hora, el consulta su reloj y cae en cuenta que debe volver al laburo.
Ella le dice que vaya, pues se quedara durmiendo, pero que antes pague la habitación. El dice que no tiene plata que pensó que ella invitaba. Como verán, lo barsa de algunos viene de antes. Es así que él evitando que ella llame a su papi para que le solucione su falta de efectivo, deja en prenda en recepción una rueda de auto ponchada y se va por unas carreras para así juntar el dinero y pagar el estipendio de la pieza. ¡Hilarante!
Cuando regresa ella se ha repuesto y tiene ganas de ir por más. Él la frena y la conmina a vestirse e irse. ¡Qué tipo más aburriiiiiiiiiiiido!
Si se quieren reír con un humor sano, no chabacano, vean esta laureada peli argentina que trae una pléyade de actores de los buenos de allá allende Los Andes. A mí me gustó y me encubó las ganas de ir a visitar un hotelcito de estos, pero acá en Chile. ¡Jejejejej! Tengo ganas de ser pasajera sin maletas.

Wednesday, May 12, 2010

Amores de Barra ó Johnny Walker en sesión de olvido


¡Un trago, un trago!!!!!! Fue lo primero que pensé cuando el desatinado por el cual yo decía que no era soltera, me contó por teléfono que ya no éramos pareja. ¡Maldito, siempre tan informal para sus cosas! Si tan sólo se hubiera dignado a aparecer para decirme que terminábamos, le habría dado vuelta su cara de idiota con una bofetada.

¡!Sola de nuevo!!! Yo que gritaba a los cuatro vientos que el amor sí existe, que los sacrificios valen la pena, que hipotequé mi independencia al irme a vivir a su lado, por un poco de cariño y dos veces de mal sexo a la semana. ¡Más sola que la una!

Corro hacia la licorera que de adorno tengo en el living y no encuentro nada: todas las botellas malditamente vacías. ¡¡Ah no, tengo que salir por una botella de alcohol, me digo y tomo mi cartera y me lanzo escaleras abajo, pues el elevador está descompuesto.

Apago el celular, no quiero que nadie me llame, ni necesito de mis amigas que de seguro saldrán con su cliché de ¡Estamos contigo! Si pudiera mañana no iría al trabajo. Qué tortura tener que sonreír y rendir bien cuando por dentro llevas la procesión. Sin ser hereje, el Vía Crucis no es nada comparado a como me siento.

Pensando en si me compró un whisky o me voy sentar a la barra de un pub, decido que mejor lo primero. Un Johnny Walker Red Label solo, sin bebida y de ahí me dirijo a un mirador. El elegido: el Faro de Playa Ancha, donde tantas veces cuando estudiaba me iba a llorar mis penas.

Un sorbo tras otro y los recuerdos se suceden como una película de mala factura. Cómo nos conocimos, nuestros momentos felices, el día que arrendamos el departamento, cuando me regalaba flores, cuando yo sentía que era el centro de su vida. Las lágrimas brotan solas de mis ojos y al rodar por mis mejillas caen en mi boca y me bebo este trago, mezcla de whisky y llanto.

Me calmó y pienso si es necesario tanto escándalo. Mujeres solas hay por montones, y mi complejo de mártir se va alejando. La vida continua y otro amor vendrá, lo sé, pero yo quiero estar acompañada el resto de mi vida. Tengo 30 años y a esta edad conseguir a alguien no es tan fácil y no pienso arrojarme a los brazos de un pendejo pasado a leche.

Frente al Faro, un poco más abajo el mar, con su inmensidad, me presenta su grandeza y me invita a ser parte de ella. Estoy mareada, no he comido nada y bañarme en la playa de noche puede ser un gran riesgo. Sólo atino a mojarme los pies, no me arriesgaré a morir, él no merece eso de mí.

Más al fondo, hacia la izquierda se alza imponente la Piedra Feliz. Ahí donde tantos han decidido romper nexos con la existencia y casi creo sentir el llamado de quienes han pasado a mejor vida lanzándose desde uno de sus extremos, cual canto de sirenas.

Ya estoy alucinando y no llevo ni media botella. Son casi las doce de la noche y tengo frío. La blusa de seda se pega a mi piel, la falda poco me cubre y el viento me ha despeinado. Parezco una loca.

Enciendo un cigarro y en el humo que voy exhalando trató de ver que haré de aquí en adelante. Lo primero hacer que salga del departamento, llevarme mis cosas, arrojarle las de él. No quiero verlo partir, trataré que se vaya cuando yo no esté, no quiero torturarme con esa imagen suya cerrando la puerta y yéndose para siempre y diciéndome ADIOS.

El ruido del viento imperante acá me molesta y enciendo la radio del auto. La canción que suena: El día que puedas, de Emmanuel. No sé si la emisora se conecta con mi pensamiento o alguien me programó la canción, pues me viene como anillo al dedo y me pongo a tararearla.

El día que puedas me mandas con alguien

Las cosas que ahora pudiera olvidar

El libro de versos que yo te leía

Los días felices que no volverán.

Seguro a Emmanuel también lo patearon o se fue y nos dejó este himno a los abandonados.

Ya no quiero tomar más. Me devuelvo a la casa. Es tarde, son casi la una y media de la madrugada y me dio sueño. Al llegar al departamento, todo en silencio. No está, pero sí sus cosas. No hay rastros de que haya querido hacer su maleta, pues toda su ropa está allí, sus camisas planchadas, sus pantalones colgados por mí, porque hasta su geisha llegué a ser.

Me saco la ropa y me meto desnuda a la cama. Quiero desprenderme de todo lo que fui y la desnudez me entrega la sensación de una nueva piel para librar otra vez la batalla.

Ya no lloro, pero tengo los ojos como idos. No puedo dormir, pese a morir de sueño y me siento como una zombie. Me da miedo que amanezca, no quiero verme sola en esta casa, sin su presencia a mi lado, sin su beso cínico de buenos días y sin nuestra lucha diaria por ganar primero la ducha.

Nunca más tostadas quemadas al desayuno, nunca más una discusión por quién paga las cuentas. Nunca más ruidos en la casa al llegar, nunca más un abrazo reconfortante después de un día de perros.

Morfeo se compadece de mí y me envuelve en un sueño que me deja zeta. O quizás una mosca tsé tsé entró a mi pieza y me picó.

¡Durmiendo vivir durmiendo, soñando vivir soñando!

No fui a la pega. Me quedé absolutamente dormida. Me refriego los ojos y descubro con desconcierto que se ha llevado sus cosas. Así como entran los ladrones y los intrusos, entró en el departamento sin hacer ruido y yo ni lo escuché. Me dejó un papel y una flor amarilla, el color del olvido y la crueldad, según los chinos. En la nota con letra apurada dice: No te culpes, soy yo, no eres tú la del problema...Un beso, ¡Fue lindo mientras duró!!!...NACHO

Me quedé perpleja. ¡Qué falto de originalidad en su nota. ¿Por qué no me despertó para verlo partir y así romper con la agonía y mi pena de una buena vez? Tal vez todavía le queda corazón y no quiso hacerme más daño.

Enciendo el celular. Tengo como 20 correos de voz y 10 mensajes de texto, todos de esas amigas copuchentas que querrán saber porque no me aparecí por el bar anoche. Más tarde les respondo. Ahora no, pues como anoche, mi fiel Johnny Walker está al lado de mi cama y tras la etiqueta roja me llama a brindar por la pérdida de ese amor indolente y no pienso hacerlo esperar.

-FIN-

Thursday, December 10, 2009

La dignidad de Alejandra


Cuando el amor, ese sentimiento turbador que a veces nos embarga los seres humanos comienza a anidarse acompañado de la compasión y la piedad, si el otro no nos corresponde, es más fácil romper la pena y rearmarse de nuevo.

Quiero contar una historia nacida de la ficción que puede tener más de algún referente en la realidad. Ella se llama Alejandra, es joven, bella, de profesión abogada y su padre es dueño de un circo: el Miami Circus. La trama se desarrolla en Argentina, en la década de los 70. Al centrar la historia en un circo me recuerdo de la novela “Francisca yo te amo”, de Rosasco que también tiene como protagonista a una joven ligada a ese rubro.
Alejandra vive la vida sin sobresaltos, es la preferida de su padre, a quien suele resolverle los líos judiciales que le acarrea con sus vecinos el circo.
Podemos decir que su existencia es plana hasta que llega a pedir trabajo un día, Rodolfo Vega, un joven venido del interior, quien trae una recomendación de un viejo amigo del padre de Alejandra.
Desde un primer momento, Alejandra centra su mirada en Rodolfo. Le inquieta saber quien es ese joven buenmozo, de pocas palabras que se concentra en su trabajo y que no hace uso de sus días libres.
Cuando Rodolfo llegó al circo a Alejandra le causó sospecha que cuando llegaron unos policías a cursarle un parte, él bajara la mirada como evitándolos.
Días después aprovechando que Rodolfo quiso acompañarla a la ciudad, Alejandra trató de sacarle unas palabras al misterioso de Rodolfo. Más nada conseguía.
De pronto, ese desconocido iba ganando espacio en su vida. Buscaba cualquier pretexto para acercarse a él y ganar su atención. Pero, él no se daba por aludido.
Un día Alejandra salió de viaje hacia Necochea. Necesitaba arrendar un terreno para la instalación del circo. Agarró su auto e invitó a Rodolfo a que la acompañase.
Curiosamente él aceptó. Camino a Necochea le contó su verdad. Que huía pues lo habían acusado de matar al dueño del parque de diversiones donde trabajaba y que no estaba dispuesto a ir a la cárcel por un crimen que no cometió como si le pasó a su padre.
Alejandra, lejos de espantarse con esa historia, se compadeció de su suerte y como abogada le ofreció ayuda. Le habló de entregarse, que si lo hacía la justicia valoraría su gesto. Rodolfo desestimó la idea, evitando el tema.
Ese día, mientras estuvieron en Necochea pasearon por la playa. Caminaron cogidos de la mano y vieron varias parejas besarse. Pero Rodolfo no cedió para mal de Alejandra que sólo esperaba coronar con un beso la jornada.
Mientras estuvo en el circo Rodolfo fue tramoyista hasta que un día uno de los payasos descubrió que cantaba bien y le ofreció montar un show vestido de clown. Pintado, Rodolfo no ponía en peligro su identidad y así fue como empezó a cantar siendo una de las atracciones del Miami Circus.
Hasta que un día, el verdadero asesino del dueño del parque de diversiones llegó a Buenos Aires y de paso en el circo dio con Rodolfo. Le ofreció asaltar una joyería y escapar juntos a Brasil.
Rodolfo lo desestimó y lo conminó a que se fuera y lo dejara en paz. Días después Miguel, que así se llamaba el hombre, fue apresado y dio el nombre de Rodolfo.
Fue así que mientras actuaba para el circo, unos policías lo requirieron y se lo llevaron.
Alejandra quedó desconsolada y empezó a echar mano de sus contactos para socorrerlo.
Fue así como tras la confesión de Miguel, Rodolfo quedó eximido de toda culpa y salió en libertad.
Alejandra no podía más de felicidad y tras fumar precipitadamente en las afueras del tribunal acompañada de su padre, le dijo a Roberto que se fueran a celebrar.
Pero no contaba Alejandra con que justo en ese momento aparecería Carmen, el gran amor de Rodolfo, quien días antes le había dicho que si pensaba seguir huyendo mejor se olvidase de ella. Ese día Carmen acompañada del viejo Ramiro, el que recomendó a Rodolfo en el circo, expectantes esperaron la resolución del juicio.
Rodolfo le dijo a Alejandra que lo perdonase y que debía seguir otro camino.
Apenas la vio a Carmen, Rodolfo cruzó intempestivamente la calle, gritó su nombre y se fundieron en un beso y abrazo rotundo.
Y Alejandra se quedó muda, resignada, con cara de nada, viendo como Rodolfo seguía ese otro camino que había ya escogido.











Tuesday, September 08, 2009

¡Y todo por unos pantaloncitos!


A diario y en gran mayoría, las mujeres de todo el mundo nos vestimos y tiramos pinta con los en su inicio “masculinos pantalones”. Claro que no aquellas que se ven forzadas a usar vestido, no enseñar el rostro, sus hombros, sus piernas, porque la costumbre se los impone.
De tela sastre, de jeans, de pana, de saco, negros, de colores, de todos los tipos. Los pantalones son una prenda adquirida, una batalla ganada al mundo de los hombres, que no pueden hacer lo mismo y vestir una buena pollera, salvo que sean ingleses netos y estén en Escocia y por qué no, toquen la gaita.
Pues bien, por usar unos pantaloncillos considerados de corte “indecente”, casi se lleva una zurra descomunal de azotes (40), la colega sudanesa, Lubna Ahmed al- Hussein.
Pero la Hussein, como toda sudanesa ilustrada y occidentalizada, se negó a pagar el doloroso estipendio y prefirió-con el concurso de sus colegas de Sudán (algo así como un Colegio de Periodistas de su país)- desembolsar 200 billetes verdes y ahorrarse tamaño espectáculo, pues en los países que abrazan el dogma musulmán, las zurras y apedreos son casi un espectáculo público para que todos los que osen seguir su ejemplo, escarmienten.
Junto con pagar la multa, Lubna fue liberada, pero aprovechó la vitrina mediática que tuvo su caso para hacer de él una denuncia mundial. Nada nuevo, pues todo aquel que no comulga con el Corán y sus mandatos hace lo mismo.
La actitud de Hussein fue criticada por quienes en todos los lugares del mundo se arrogan la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos, pues los editorialistas del diario pro gobierno de Sudán, Al Ray Al Dam, manifestaron que la joven “politizó” la decisión que en su favor tomó el tribunal de la zona de Jartum-Norte.
Usar o no su caso para denunciar barbaridades de tiempos pretéritos de las mil y una noches, anquilosadas y aún presentes en tiempos de la modernidad, da lo mismo. Lo importante es relevar que en estos tiempos, a estas alturas, en estas postrimerías que vivimos, una fulana de tal se lleve los peñascos de la vida en su humanidad por ponerse una prenda que de tanto usarla las mujeres la transformamos en una más que merecida conquista. Si no, que lo digan quienes sí bien llevan puestos los pantalones, quienes crían hijos, quienes mantienen la casa, mujeres de todo el mundo que con ganas, ingenio y mucho pantalón adoptaron el ropaje de “sexo fuerte” y que hacen parecer “indecentes” a aquellos hombres que no cumplen bien su rol y que no lucen como debieran sus “pantalones”.


By Caro……

Wednesday, August 26, 2009

Siete días tiene la semana


¿¿¿Lunes??? Quien dijo que es éste el primer día de la semana. Según leí una vez por ahí, Dios instituyó como primer día de la semana un domingo y como bien sabemos, lo destinó al descanso. Sabio el Todopoderoso que consideraba que cargando pilas y dedicándose 24 horas al ocio mental y físico se podía abordar de mejor forma las 144 horas semanales restantes.
Yo en lo personal,y sin duda muchos me encontrarán la razón, considero que los lunes saben a nada. Son como una lista de obligaciones por cumplir, todos andan con cara de apestados pensando en los días que se vienen. Si quieres salir a hacer un trámite, vas a una oficina pública o a un banco, las filas están atestadas de gente. Todo el mundo tiene prisa. Te subes a un transporte colectivo y las caritas de los escolares te reciben con el sueñito instalado en los ojos, las mamás con cara de prisa y quienes trabajamos con cara de obligación. ¡¡Con cara de lunes, como dicen!!

El día de la semana que más concita mi gusto es el miércoles. Día en que nací por supuesto, hace ya unos cuantos abriles. Entre los romanos fue el día consagrado a
Mercurio (dios romano del comercio y la elocuencia, y mensajero del dios supremo Júpiter). Y no me contradigan con que los miércoles son quizás los mejores días para el comercio y el trabajo, pues casi nadie se queja en miércoles. Es un buen día en general…

Hablando de días, significativos son nuestros domingos. Si hasta el cancionero popular le ha dedicado sus letras. Recuerdo la pegajosa cumbia esa de la Sonora Palacios que algunos insisten en llamar “La Peineta”, cuando al estirado de Kike Morandé se le ocurrió hacer cover la popular canción, pero que en realidad se llama “Todos los domingos”. Y como olvidar aquella que no recuerdo bien quien canta, pero más bien es un verso con música que tocan a menudo en mi emisora favorita que se llama “Hubo un domingo en mi vida”. Los domingos tiene esa particularidad de ser especialmente lateros e improductivos, pero inspiradores de algunas buenas letras.
Es el día de las licencias, de no levantarse, de no cocinar, de andar en pijama e incluso para algunos, de no bañarse. Ya lo decía la colombiana Shakira en su canción “Inevitable”: Si es cuestión de confesar, nunca duermo antes de diez, ni me baño los domingos.. No es mi caso, porque sí o sí, paso por agua y jabón a diario.
Pero no escapan al tedio. Y conversando con gente que ha viajado y con experiencias viajeras mías, me he dado cuenta que no importa en la parte del globo donde te encuentres, porque de ese “efecto domingo”, no te escapas.
Recuerdo mi viaje a Brasil, estando en Buzios. Playa, sol, caipirinhas, garotos y el domingo me atrapó igual. Poco me bañé, la modorra me consumía y todos andábamos igual, no importando de qué lugar geográfico procedíamos.
El dicho popular habla del “domingo 7” para explicar algo que suene a exabrupto y se les achaca generalmente a las escolares que se embarazan. El tradicional: esa cabra salió con” un domingo 7”. ¿De dónde vendrá esa expresión? Lo averiguaremos.
A los martes, jueves y viernes los dejaré en espera para una próxima divagación.

Monday, July 27, 2009

Pateadura a un caradura...

Esta historia es real. Sin embargo, se han omitido las verdaderas identidades de sus protagonistas.



Un caluroso mes de verano. Una ciudad de provincia. Una pareja normal con su hijo de tres años, paseando por la plaza en compañía de amigos.

El hombre sugiere que vayan a comer completos a un local concurrido. La mujer acepta y los amigos asienten. El más feliz, el pequeño Pedro de tres años, a quien le fascinan los hot dogs.

Hasta ahí parece una descripción de una situación coloquial, que nada de novedoso reviste.


Quien hizo la invitación de ir se excusa de asistir por tener, según él, que arreglar un auto. Le dice a Inés que vayan, que él se sumará más tarde. Ella lo nota extraño, alguna sensación le dejo su partida.


Toman lugar en el local. Todos ríen y conversan animadamente. Es tarde de verano y el calor dentro de la taberna se hace agobiante. Deciden salir a la terraza que da a la calle.

Han pasado más o menos tres horas desde que Alejandro, el hombre, les dejó. De pronto, los bocinazos de la caravana de un auto de recién casados los interrumpe. La escena no pasaba de ser algo normal, salvo porque dentro del automóvil principal, el flamante novio es Alejandro, quien al enfrentarse a la mujer que hasta ese momento era su pareja, vuelve descaradamente su rostro, ignorándola.


Todos se miraron perplejos, nadie entendía nada ni daba crédito a la aparición y todos trataban de confundir al pequeño Pedro, quien para pena de su madre, advirtió que dentro de ese coche adornado y bullicioso iba su padre en compañía de otra mujer.

Inés, con los ojos inyectados de rabia, con su orgullo de mujer herida, trataba con vanas palabras de explicarle a su hijo que él que iba en el auto no era su papá.

Regresaron todos a sus casas, la velada se interrumpió ante tan infausta aparición. Inés cambió a su niño, lo acostó, pero el pequeño shockeado por la imagen que vio en la tarde, no decía palabra y sus ojitos infantiles denotaban una gran pena.


Las horas pasaron. Inés que no fumaba, se refugió en una cajetilla de cigarrillos para botar su pena. No entendía como el hombre con quien había compartido los mejores años de su vida la dejaba así, con la humillación a flor de piel y se lamentaba no haberlo advertido antes.

Su naturaleza de madre podía más que el dolor de la mujer humillada. Por eso al día siguiente mandó a Pedro a casa de una amiga y cómo si alguien le dictara que sus pasos eran los correctos, se dirigió a la taberna donde el día anterior compartía con sus amigos.

Pidio un agua mineral, se sentó en la sala interior y cual criatura salvaje que espera a su víctima, se sentó a esperar su venida.


Alejandro llegó en su camioneta a devolver el licor que había pedido en concesión sobrante de su fiesta de matrimonio. Ella salió sigilosa del local y lo abordó cuando estaba de espaldas. Le tocó el hombro con su dedo y al darse vuelta le asestó feroz pateadura en su virilidad, un puntapié con rabia, una vengativa patada para vengar la afrenta de la que fueron victimas ella y su hijo y le dijo: !Esto no es por mí, es por Pedro!

Y llovieron los improperios. Una descarga verbal beligerante, cargada de dolor, rabia. El no pudo decir nada. El dolor no lo dejaba y se arrodilló como un penitente quedando ahí en el suelo.


Ella se fue y se sacudió las manos en señal de misión cumplida.

Después por la madre del sujeto, supo que estuvo cuatro días en cama, con hemorragias y ante el suceso, se arruinó su luna de miel. Cumplido el cometido, luego los contactos de ambos se remitieron a arreglos económicos para la mantención del pequeño Pedro.

Nunca más se hablaron y hace unos días se encontraron en una plaza de otra ciudad. Era sábado y como el destino a veces nos hace jugarretas, mientras él estaba en una esquina, y ella en la otra, fueron interrumpidos por un coche nupcial, una pareja de novios que se interponía entre ambos, una pareja de recién casados que los había separado, tal cual sucedió hace más de 20 años atrás.