Sueño y Memoria de una Caro en la Tierra

Thursday, December 10, 2009

La dignidad de Alejandra


Cuando el amor, ese sentimiento turbador que a veces nos embarga los seres humanos comienza a anidarse acompañado de la compasión y la piedad, si el otro no nos corresponde, es más fácil romper la pena y rearmarse de nuevo.

Quiero contar una historia nacida de la ficción que puede tener más de algún referente en la realidad. Ella se llama Alejandra, es joven, bella, de profesión abogada y su padre es dueño de un circo: el Miami Circus. La trama se desarrolla en Argentina, en la década de los 70. Al centrar la historia en un circo me recuerdo de la novela “Francisca yo te amo”, de Rosasco que también tiene como protagonista a una joven ligada a ese rubro.
Alejandra vive la vida sin sobresaltos, es la preferida de su padre, a quien suele resolverle los líos judiciales que le acarrea con sus vecinos el circo.
Podemos decir que su existencia es plana hasta que llega a pedir trabajo un día, Rodolfo Vega, un joven venido del interior, quien trae una recomendación de un viejo amigo del padre de Alejandra.
Desde un primer momento, Alejandra centra su mirada en Rodolfo. Le inquieta saber quien es ese joven buenmozo, de pocas palabras que se concentra en su trabajo y que no hace uso de sus días libres.
Cuando Rodolfo llegó al circo a Alejandra le causó sospecha que cuando llegaron unos policías a cursarle un parte, él bajara la mirada como evitándolos.
Días después aprovechando que Rodolfo quiso acompañarla a la ciudad, Alejandra trató de sacarle unas palabras al misterioso de Rodolfo. Más nada conseguía.
De pronto, ese desconocido iba ganando espacio en su vida. Buscaba cualquier pretexto para acercarse a él y ganar su atención. Pero, él no se daba por aludido.
Un día Alejandra salió de viaje hacia Necochea. Necesitaba arrendar un terreno para la instalación del circo. Agarró su auto e invitó a Rodolfo a que la acompañase.
Curiosamente él aceptó. Camino a Necochea le contó su verdad. Que huía pues lo habían acusado de matar al dueño del parque de diversiones donde trabajaba y que no estaba dispuesto a ir a la cárcel por un crimen que no cometió como si le pasó a su padre.
Alejandra, lejos de espantarse con esa historia, se compadeció de su suerte y como abogada le ofreció ayuda. Le habló de entregarse, que si lo hacía la justicia valoraría su gesto. Rodolfo desestimó la idea, evitando el tema.
Ese día, mientras estuvieron en Necochea pasearon por la playa. Caminaron cogidos de la mano y vieron varias parejas besarse. Pero Rodolfo no cedió para mal de Alejandra que sólo esperaba coronar con un beso la jornada.
Mientras estuvo en el circo Rodolfo fue tramoyista hasta que un día uno de los payasos descubrió que cantaba bien y le ofreció montar un show vestido de clown. Pintado, Rodolfo no ponía en peligro su identidad y así fue como empezó a cantar siendo una de las atracciones del Miami Circus.
Hasta que un día, el verdadero asesino del dueño del parque de diversiones llegó a Buenos Aires y de paso en el circo dio con Rodolfo. Le ofreció asaltar una joyería y escapar juntos a Brasil.
Rodolfo lo desestimó y lo conminó a que se fuera y lo dejara en paz. Días después Miguel, que así se llamaba el hombre, fue apresado y dio el nombre de Rodolfo.
Fue así que mientras actuaba para el circo, unos policías lo requirieron y se lo llevaron.
Alejandra quedó desconsolada y empezó a echar mano de sus contactos para socorrerlo.
Fue así como tras la confesión de Miguel, Rodolfo quedó eximido de toda culpa y salió en libertad.
Alejandra no podía más de felicidad y tras fumar precipitadamente en las afueras del tribunal acompañada de su padre, le dijo a Roberto que se fueran a celebrar.
Pero no contaba Alejandra con que justo en ese momento aparecería Carmen, el gran amor de Rodolfo, quien días antes le había dicho que si pensaba seguir huyendo mejor se olvidase de ella. Ese día Carmen acompañada del viejo Ramiro, el que recomendó a Rodolfo en el circo, expectantes esperaron la resolución del juicio.
Rodolfo le dijo a Alejandra que lo perdonase y que debía seguir otro camino.
Apenas la vio a Carmen, Rodolfo cruzó intempestivamente la calle, gritó su nombre y se fundieron en un beso y abrazo rotundo.
Y Alejandra se quedó muda, resignada, con cara de nada, viendo como Rodolfo seguía ese otro camino que había ya escogido.