Sueño y Memoria de una Caro en la Tierra

Monday, February 13, 2006

¡Oh, Aníbal!

No sé bien a ciencia cierta cuando partió mi enamoramiento histórico por uno de los personajes destacables de la Historia Universal. Me refiero al no menos bello Aníbal Barca de Cartago. Haciendo memoria recuerdo que fue en la clase de Historia repasando lo que fueron las guerras Púnicas entre Cartago y Roma, que me interioricé acerca de la vida de este héroe cartaginés que combatió gallardamente la invasión romana en su isla. Si bien su vida me asombró, fue la imagen de su busto que encontré en una enciclopedia Larousse en mi casa, la que me hizo morir de atracción por él.
¡Qué perfil, qué presencia, qué derroche de masculinidad! Si solo con su busto aluciné, imagino como estaría si lo hubiese apreciado de cuerpo completo. Es que imagino una humanidad bien torneada, unos brazos fuertes, una espalda amplia, ideal para morir abrazada y arrojarme en él después de un día de perros.
Aníbal competía en belleza con su hermano Asdrúbal, y con su no menos guapo padre, Amílcar. Los Barca eran una familia importante en Cartago, algo así como una nobleza guerrera.
Poseían un importante poderío naval lo que les llevó conseguir la victoria frente a los ambiciosos romanos, que mordieron el polvo (o bebieron agua salada) con ésta, una de sus más amargas derrotas.
Recordé a Aníbal porque ha aparecido en innumerables ocasiones en mis sueños. Imagino recorrer los mares con él, recalar en alguna isla paradisiaca, besarnos y abrazarnos de manera apasionada, en fin, tantas cosas que podríamos hacer.
Si existiera la maquina del tiempo, yo feliz pediría ser transportada hacia Cartago, en el año 218 a.C. De fracasar en la conquista tengo tres posibilidades: si Aníbal no me pesca, intento con Asdrúbal y por último, con su padre Amílcar. Sobre su vida no se dice mucho, cosas como si estuvo casado, sólo se que murió a los 64 años. Enfrentó la muerte de su padre y hermano que murieron en manos de los romanos. ¡Pobre Aníbal! Tan solo contra esos sanguinarios.

Tu historial bélico dice que te apoderaste de Sagunto (España), la Galia, Capua. Tras la derrota de tu hermano Asdrúbal, marchaste a Africa donde Roma se te opuso con Escipión, el africano, con quien te enfrentaste en Zama. Tras este combate que te dejó disminuido en cuanto a fuerzas y hombres, pediste auxilio en la corte de Antíoco, rey de Efeso y más tarde en la de Prusias, rey de Bisinia. Este último se dejo invadir por el manto de la traición y tú, siempre asertivo e inteligente, advertiste que este quería entregarte a los romanos y preferiste la muerte a caer en manos de tus más grandes enemigos. Por ello te diste muerte bebiendo del veneno que siempre llevabas contigo.
Feliz hubiese muerto, cual Julieta a tu lado, tomando juntos el camino de la inmortalidad. ¡Oh, Aníbal! si hubieses sido más contemporáneo, si yo hubiese vivido en la Antigüedad…¡Ay, Erich Fromm! dime, ¿por qué me gusta tanto?

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