Sueño y Memoria de una Caro en la Tierra

Friday, February 10, 2006

Esta historia la debía

Un poco rezagada, de hace dos findes atrás


Ese viernes, en primera instancia, era la pre inauguración de mi departamento, pero como Joyce y Jimena, están de vacaciones, sólo estaríamos Carla, Erny y yo.
La Erny avisó a ultima hora que arrugaba, pues la pobre venía saliendo de un turno infernal de doce horas en el Hospital. La entiendo, por eso no me disgusté con ella. Yo terminé temprano mi trabajo e hice hora sentada en la plaza de Casablanca esperando que Carlita se desocupara del gimnasio para reunirme con ella en Valpo. La Carla me contó que la había llamado Gustavo, el reportero gráfico del Mercurio de Valparaíso para saber qué íbamos a hacer en la noche. Me impresionó que Carla aceptara salir con Gustavito, ya que en dos ocasiones anteriores desistió. Pero la cosa hoy era diferente. Tomamos once, y de ahí partí al baño a darme una merecida ducha. La tenida escogida: la polerita color sandía, mis jeans enchulados y las chalitas color beige. Maquillaje de rigor, aros ad hoc, peinado normal y partimos.
Ibamos saliendo y Gustavo llamó. Quedamos de encontrarnos en el Cinzano. Llegamos al mencionado lugar y estaba lleno. Un señor gordo de terno negro y humita roja se aprestaba a cantar uno de sus mejores tangos a la concurrencia, cuyo promedio de edad bordeaba los 50 años. Puros teclos.
Fue curioso porque al llegar, Gustavo en vez de saludar a Carla saludó a una amiga suya que entraba al Cinzano y la situación fue cómica pues pensé que no la había pescado. Pero no fue así. Hay que decir que Gustavo venía acompañado de su amigo Juan Carlos.
Como el Cinzano estaba lleno, nos fuimos al Dominó. Ahí iniciamos una conversación donde no podía estar ausente el tema pega. Los chicos pidieron unas cervezas Royal Guard e iniciamos la conversación. Admito que en un momento me aburrí pues Carla y Juan Carlos se pusieron a nombrar a un montón de gente que no conozco y eso me impedía hablar porque no tenía conocimiento de causa para opinar. En fin , la conversación general versó acerca de lo mismo, pese a los intentos de Gustavo por obviar el tema. Me fumé un cigarrillo (hace tiempo que no lo hacía) y al exhalar el humo me sentí liberada, pues para mi el cigarro no es vicio, sino que una vía de escape.
Es obvio que no íbamos a estar toda la noche en el Dominó y empezamos a barajar lugares para ir a bailar. Pensamos en el Playa, el Irlandés, (el Cielo que era nuestra carta no figuraba entre los nombrados) y es así que cortamos por lo sano y fuimos a la Máscara que nos quedaba más cerca. Yo nunca había ido allá, pero si me habían dado referencias del citado lugar. Breve descripción: el local es bastante oscuro, la gente que lo frecuenta es bastante especial, predominan quienes se visten de negro y por eso que Carla y yo, vestidas normales, con poleras de colores llamativos, destacábamos entre la concurrencia.
Me gustó la música y lo espacioso de la pista principal de baile. No pasó mucho tiempo y yo y Juan Carlos nos pusimos a atinar. Jugué a la indiferencia unos minutos y luego sucumbí. Estaba bebiendo un ron, el cual me subió la bilirrubina, pues estaba demasiado fuerte.
Recordé cuando Pedro me contó que a él le sucedió lo mismo con un vodka piña. Mientras, Carla trataba de zafarse de la insistencia de Gustavo que a esa hora ya estaba demasiado embalado. No vamos a decir que Gustavo es discípulo del ahora popular Ruperto , pero está bastante cerca de ese prototipo.
En La Máscara sonó Morcheeba y me acordé de mi amiga Erny que me dijo que la música de este grupo es fundamental para consolidar un buen momento amoroso y no se equivocó. Claro que mi consolidación no fue tan intensa como la de mi amiga. ¡Uppsss!
En un momento advertí que Carla pedía a gritos que la socorriera, pues Gustavo se estaba poniendo demasiado cargoso. Yo decidí irme con mi amiga. En eso estabamos en el guardarropía cuando llegó Juan Carlos, quien me tomó fuerte del brazo y me llevó con él. No recuerdo porque hizo eso, seguramente le dije alguna pesadez, la cosa es que me gustó que me tomara así.
Cuento corto: la Carla se fue sola, pues no aceptó que Gustavo la llevara a su casa en su auto. Si se subía, era pasaje seguro a la muerte.
Juan Carlos se fue conmigo, ofreció llevarme a mi casa. Yo no me negué. Llegamos a mi departamento y...........bueno, abracé a mi perro de peluche y buenas noches, hasta mañana!!!!!

0 Comments:

Post a Comment

<< Home