Sueño y Memoria de una Caro en la Tierra

Monday, January 16, 2006

La Salida

La Salida

Revisando mi e-mail me encontré con un correo salvador. Desde la Piedra Feliz una invitación para ir a bailar el viernes. Inmediato le comunique a Carla la noticia y como habíamos acordado previamente salir, nos las emplumamos para allá. Antes, desfile de modas, alisado de pelo, buen perfume y maquillaje.
El panorama pintaba para bueno, pues el sábado no había carrete por las elecciones y al llegar nos encontramos con una cola enorme. Ingresamos y a esa hora, una de la mañana, el subterráneo que las oficia de pista de baile, bullía de gente. Sin pensarlo más, a bailar se ha dicho. Un poco de movie para cargar pilas. Destaco que la concurrencia esta vez estaba más cargada a las parejas y al parecer, a diferencia de otras veces, sobraban los hombres.
Luego subimos por algo de beber. En la espera y mientras estábamos en la barra, dos pasteles a disposición. Uno, un chileno-español, que hace años dejó la Madre Patria, pero aún arrastra en su hablar el típico seseo ibérico. El otro, un canchero a morir, fiel reflejo del chileno que se jura. Ignoro sus nombres y admito que el segundo me cayó bastante bien. Conocía Casablanca y al parecer y por lo que habló, trabajaba en marketing político. Bastante oportunista el hombre, agarró dos margaritas de la barra y me ofreció uno. Yo no acepté por vergüenza que el barman me lo quitara. La cosa es que el tipo se lo apropió. Así conversamos un poco, hasta que al hombre se le ocurrió hacer un sondeo de votación en el bar y se puso a preguntarles a los demás por quien votaban. Uno le contestó que anulaba su sufragio, otro dijo que votaba por Piñera y lo trató de weón. El amigo de este tipo se molestó y hubo un breve cruce de palabras entre ambos. Pero la cosa no pasó a mayores.
Bajamos a bailar con las primaveras en la mano. No paso mucho tiempo y el tipo del cruce de palabras sacó a bailar a la Carla. Y el amigo, al que trataron de weón, bailó conmigo. Ninguna gracia el tipo, aparte se movía como las pelotas.
Por eso luego, me dieron ganas de ir al baño y lo despachamos. Ambos se llamaban Marcelo.
Luego vino un tal Carlos, que pasó sin pena ni gloria. Después bailé con un NN, pues no me preguntó ni el nombre. Le di poca bola, es más casi ni lo miré.
Hasta que llegó José Miguel, el moreno que me encantó. Lo atraje con un bailecito sensual y al minuto lo tenía a mi lado. Pero el hombre no venía solo y he aquí lo jocoso de esta historia. Su amigo que bailó con Carla era poco agraciado, por no decir que era feo. Era una mezcla de dondo, fraile y gnomo. Cerveza en mano, el tipo se movía como podía. Para Carla fue un suplicio bailar con él. En cambio, yo bailaba de lo más bien con José Miguel. Por eso, solidarizando con mi amiga, paramos y fuimos al baño, pero yo la verdad quería seguir bailando con JM. La Carla me dijo que ella podría haberse ido a sentar y yo seguir con el dancing.
Yo andaba de chalitas de taco, toda fruncie, y me pasaron la cuenta. Me empezaron a doler las piernas y el derriere. Nos fuimos a sentar un rato, pendientes de una teleserie que presentaba ante nuestros ojos. Una mujer joven que antes bailaba y atinaba con un hombre mayor, ahora estaba con otro, mientras el despechado la miraba desde un sillón. No desciframos que pasaba y así nos fuimos al departamento.
Como las salidas anteriores, sin duda, esta también fue especial.

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